miércoles, 31 de agosto de 2011

Arauco tiene una pena.


"Derramando lágrimas, oh Gran Espíritu, Gran Espíritu, Abuelo Mío. Con ojos sollozantes debo deciros ahora que el árbol nunca ha florecido. Como un viejo lastimoso me veis aquí, y me he descarriado y no he hecho nada.
¡Aquí, en el centro del mundo, donde me llevasteis cuando yo era joven, me intruisteis; aquí, viejo, estoy yo, pero el árbol está marchito, Abuelo mío!
Nuevamente, y acaso por última vez sobre esta tierra, recuerdo la gran visión que me enviasteis. Acaso vive aún alguna raicilla del árbol sagrado. Nutrida entonces, para que pueda echar hojas y flores, y llenarse con pájaros canoros. Oídme, no por mí, si no por mi pueblo; yo soy viejo. Oídme para que mis gentes puedan retornar una vez más al sagrado anillo,
y hallar el buen camino, y el árbol protector."





Demasiado tiempo han sufrido nuestros pueblos originarios.
Arriba Rapa Nui. Arriba Aymará. Arriba Mapuche.

Arauco tiene una pena.





*El extracto de más arriba no es de un indígena mapuche. Es de un indígena norteamericano.

martes, 30 de agosto de 2011

Capítulo 2.


La jornada esutvo agitadísima. Luego del día D, continuamos con la oleada de atentados durante otros tres días. La operación resultó bastante exitos, aunque la reacción gubernamental no se hizo esperar. La abortamos prematuramente, sin ningún compañero atrapado por los Agentes. El gobierno de los Adultos no tardó en declarar Estado de Emergencia. Algo que no era extraño en todo caso. Así se había pasado la mayor parte de seis de los últimos ocho años. Luego un periodo de silencio, el cuál rompimos nosotros con los atentados de hace dos semanas. Desde esos días la organización ha llevado a cabo pocas reuniones, pero vivimos un momento de satisfacción, sabiendo que, si bien esto es sólo un comienzo, para serlo, fue mucho más auspicioso de lo que creímos que sería. Los Agentes se vieron por primera vez descolocados; ya se habían acostumbrado a trabajar en secreto y contra pocos individuos organizados. Pero este ataque múltiple los dejó bastante noqueados por el momento. Lo más importante en todo caso ha sido la respuesta de la gente. Si bien poco se habla abiertamente, circulan rumores sobre un nuevo levantamiento. El aire puede cortarse con un cuchillo. Mucha gente se ve nerviosa; otros expectantes, e incluso entusiasmados. También hubo un par de reacciones de algunos medios de prensa semi-independientes, pero fueron inmediatamente censurados, algo que no ocurría desde hacía 7 meses.

La jornada había estado agitadísima. Estabamos llevando a cabo una de las operaciones de espionaje más importante, concretamente en una antigua casa, en lo que siempre ha sido conocido como el Barrio Pedro de Valdivia Norte, aunque ya no existe ninguna calle con ese nombre en el sector. La casa, impecablemente blanca, y muy grande, no destacaba de otros edificios similares, salvo por un pequeño distintivo en una de las entradas principales: una especie de escudo de armas que simbolizaba a los Agentes. Por lo demás, igual que la mayoría de las propiedades contiguas, tenía cerco eléctrico y cámaras de seguridad. El barrio en general era conocido porque muchas de las instituciones y muchos hombres importantes de los Adultos, se asentaban allí. Por ello sólo el hecho de caminar por ahí era sospechoso.

Teníamos un rumor, infiltrado desde dentro de la Agencia, de que habían importantes informaciones internacionales. Los Agentes no sólo se ocupaban de los asuntos de Seguridad Interna. Existía dentro de la Agencia una división especializada para las Relaciones Internacionales, y en realidad, toda la información que llegaba al Ministerio de R.R.E.E. era cuidadosamente estudiada por la Agencia. Aprovechando la ocasión, en que la mayor parte de la Agencia estaba ocupada de los problemas internos, habíamos venido un pequeño grupo con capas de camuflaje. Nuevamente la Sección 8: Candela, Mauricio, yo, y mi hermana Lisa. Nuestra misión era de hecho entrar en la Oficina de la Agencia, insertar un chip de memoria en alguna de las poderosas computadoras del edificio y extraer toda la información. Los sistemas de vigilancia se activarían de inmediato y los Agentes serían alertados; sin embargo, mientras yo estaba encargado de intervenir las computadoras, los demás se encargarían de dar de baja el edificio, dándonos un tiempo estimado de 7 minutos para evacuar las instalaciones.

Nos camuflamos en unos arbustos, en una plaza que estaba a una cuadra de distancia de la Casa. Estabamos esperando que llegara la hora del almuerzo, momento en el que los Agentes y los Adultos en general, descansaban, y relajaban un poco la vigilancia. Estabamos ansiosos, pero muy seguros de que tendríamos éxito.

- ¿Quién nos va a avisar cuándo tengamo' que actuar? - Preguntó Lisa.

- No hay señal. - Respondí. - Eso está bajo mi criterio. - Los tres me miraron extrañados. - Me ascendieron anteayer. - Susurré. No les había contado. Me miraron extrañados; Lisa frunció el ceño, pero no dijo nada. Nos dedicamos a espiar mientras un par de Adultos, una mujer y un hombre de mediana edad y de aspecto nerviosos, cruzaban hacia el otro lado.

- Están claros que hay que hacer si no tenemo éxito, ¿cierto?. - Dije protocolarmente. - Huir lo más rápidamente posible. Tengan las bombas de humo a mano siempre y mantengan la calma. Si atrapan a uno, los demás debemos correr. Es menester que lo tengan claro.

Miré con ansiedad a mi hermana. Era primera vez que nos veíamos enfrentados a una misión de este tipo. Estaba seguro de que tendríamos éxito, sin embargo mi hermana solía ser imprudente. Se confiaba demasiado. Candela y Mauricio; estaba seguro de que ellos estaban tan ansiosos como yo. Pero Lisa se veía particularmente agitada; se le había pegado demasiado el discurso violentista. Ella sólo esperaba el momento de hacer explotar algo. De destruir en el fondo, cuando todos estábamos claros de que el movimiento nuestro no podía enfocarse en ello. Para tener éxito debíamos ser mucho más cuidadosos.

Lisa notó que la miraba a ella.

- Me apegaré a lo que dijiste.Quédate tranquilo. - Dijo. Parecía molesta. Siempre pensé que a sus diesiséis años era aún demasiado pequeña para entrar al Cuerpo Principal, pero su entusiasmo y habilidad eran tales, que el Mando de mi zona le dio permiso de participar en las misiones que yo dirigía.

Abrí una lata de energizante, y la compartimos entre los cuatro.

- Salud por la causa. - Dijo Mauricio y todos repetimos a coro, por lo bajo.

- Es hora. - Dije. El Sol se escondía momentáneamente tras las nubes. Hacía mucho calor y el aire estaba pesado, tal como el día que había comenzado nuestra Guerra. No había nadie en ese momento en la calle. Cruzamos en fila, con las capas de camuflaje. Nadie hubiese podido vernos, salvo nosotros mismos, que usabamos unos lentes de contacto, especiales.

Caminamos hacia la entrada y nos paramos frente a ella. No había nadie. Sentíamos la tensión, pero también la adrenalina. Era un golpe pequeño pero importante. Miré por última vez los ojos de Lisa y pude ver la fría concentración que se agazapaba tras sus ojos verdes.

- ¡Ahora! - Grité, y en unos segundos, desprendidos ya de las capas, derribé la puerta con una bomba de humo; los guardias no alcanzaron a reaccionar cuando cayeron bajo un sueño somnoliento. Un abrir y cerrar de ojos más y ya estaríamos en la sala principal colocando el precioso chip. Llegué a la Sala Principal, mientras los demás desactivaban temporalmente la seguridad automática, dormían a los Adultos que a esa hora estaban allí, y colocaban el detonador de la bomba. 7 Minutos tan sólo. Y nos iríamos de allí. Accedí a uno de los computadores principales y lo coloqué.

- Bien conchet...- Alcancé a gritar, pero el resto de la frase se perdió con el aullido de las sirenas. Sirenas. Por todos lados. Sirenas, mientras sentía el escalofrío que me recorría la espalda.

- Salgan de inmediato con las manos en alto. - Bramó una voz de hombre gélida e impersonal. - El edificio está rodeado. - Los Agentes estaban allí.



domingo, 21 de agosto de 2011

Capítulo 1.


Candela, Mauricio, mi hermana y yo nos agazapamos tras unos arbustos, en el estacionamiento de aquél enorme edificio de ladrillo rojo. Parecía una iglesia, y en cierto modo era como una, aunque este templo estaba dedicado a la adoración de una Idea Corporativa, antes que a la práctica de una religión o filosofía teológica. Nuestra infiltración había sido enormemente dificultosa. Los Adultos que guardaban la entrada principal para los automóviles conversaban aburridamente mientras nosotros esperábamos aún el momento preciso para actuar. Otros Adultos de mayor rango, distinguible por sus barbas y sus trajes impecables, bajaban de los grandes automóviles de color negro y caminaban hacia la entrada principal del Gran Edificio, la cual daba hacia a la antigua avenida Irarrázaval, hoy la Avenida 404.

Justo ese día se celebraba una convención de Adultos importante del sector oriente de la capital. Estos grandes edificios eran llamados Capillas y su función era la realización de estas reuniones y eventos de los Adultos, que en esta época se practicaban de manera ritual. Eran secretas, y sólo los miembros selectos entraban; muchos otros miembros de los Adultos, como los guardias que cuidaban la entrada, la gran mayoría de ellos en realidad, no podían entrar. La mayoría de los miembros de la Policía tampoco, pero los de Inteligencia Civil, grupo de agentes de elite, sí. Sin embargo esos hombres y mujeres, reconocidos por su apariencia impecable, sus lentes oscuros, y sus rostros fríos y duros, usualmente prefería marginarse. Adoraban con un impulso casi obsesivo cumplir sus funciones, y en estos días álgidos eran nuestra mayor amenaza y nuestro mayor temor. Sin embargo, esa manía obsesivo-compulsiva estaba oculta bajo una máscara de elegancia refinada, pero verdaderamente fría, con la cual ejecutaban sus tareas. Inspiraban temor entre todos, rebeldes, comunes, adultos y policías y ellos lo sabían, y lo disfrutaban. Algunos de los nuestros habían sido apresados por los Agentes, y nunca volvimos a saber de ellos. Cada uno de los que perdimos fue una pérdida sensible, no sólo porque usualmente nos conocíamos todos y compartíamos cierta fraternidad que crecía a medida que nuestra organización se aislaba más y más; era pavoroso pensar quizás que clase de tratamiento o torturas sufrían en manos de los Agentes. Era improbable que mataran a los rebeldes que apresaban, pero la incertidumbre del destino de nuestros compañeros era lo que justamente nos hacía temer tanto. Además, cada vez que un miembro de los nuestros era capturado, desestabilizaban completamente el frágil actuar de nuestra organización; sabíamos que ellos serían interrogados y no podíamos estar seguro de que, bajo tortura, alguno de los nuestros no revelara información relativa la organización.

Por suerte en este caso, sólo habíamos visto un par de ellos, aunque siempre debíamos ser muy cuidadosos. Tenían una facultad especial para detectar disidentes, no sólo entre la gente común y corriente, si no que también entre miembros de los Adultos e inclusive dentro de la policía. Tenían el permiso, y de hecho lo cumplían a cabalidad, de portar armas de fuego, cuchillos, y otro tipo de elementos disuasivos de esa índole. Pero poco los usaban. Preferían un arma distinta que simplificaba el trabajo. Los Agentes preferían utilizar la "Pistola de la Obediencia". Este es un objeto, parecido a una pistola láser. Si uno de los Agentes quería atrapar a alguien, apuntaba en dirección a ese alguien y disparaba una especie de rayo. Cuando un rayo de esos te alcanzaba, te jodías simplemente. El rayo actuaba en forma de lazo, y una vez alcanza cualquier parte del cuerpo de quien es perseguido, el agente podrá dominar completamente su voluntad. Era un invento de veras terrorífico y uno de los productos de los que más se jactaban los Laboratorios Tecnológicos Echeñique, los cuáles se dedicaban casi íntegramente a la producción de material bélico y la fabricación y experimentación de nuevas tecnologías de control.

De todos modos, nerviosos como estábamos, esperamos quietos y silentes el momento adecuado. El Sol pegaba fuerte aún, pero atardecía. Bajo la sombra de los arbustos el aire era pesado y sofocante. En el preciso instante en que el reloj del frontis de la Capilla anunciaba las seis y media de la tarde, y la mayor parte de los asistentes al encuentro estaban dentro, dimos rápido inicio a nuestra operación. Yo y Mauricio abrimos nuestras mochilas y ensamblamos las aprtes de unos rifles, en tanto Candela alistaba las bombas. "Es tu turno" le susurré a mi hermana. Delgada y pequeña, pero muy ágil ella, se escabulló en dirección hacia la caseta de los guardias del estacionamiento. Cuando estuvo a suficiente distancia, sacó de un bolsillo una bolita y la lanzó dentro de la caseta, a través de una de las ventanas. Acto seguido comenzó a salir gas por las ventanas; los guardias debían estar en ese momento, profundamente dormidos. Sabiendo que teníamos poco tiempo, y sintiendo la adrenalina, yo y Mauri apuntamos los rifles hacia las ventanas de la Capilla. En los escasos segundos que mediaron entre el momento que fijamos la mira, y el momento en el que disparamos, alcancé a sentir como mi corazón se aceleraba, al tiempo que unas gotas de sudor bajaban por los costados de mi rostro. Lo siguiente que recuerdo es una rápida sucesión de imágenes. BUM! Los ventanales estallando. Humo. El fuego comenzando a abrasar rápidamente el exterior de la Capilla. Gritos y gente saliendo despavorida por la puerte principal. Nosotros cuatro echándonos las capas de camuflaje encima, muertos de susto, pero con cierta satisfacción. Pronto iniciarían la persecución. La punta del iceberg. Habíamos comenzado el ataque y ellos no tardarían en responder. Corrimos y nos dispersamos por las calles. Éramos a medias visibles, y por ende era mejor separarnos. Ya nos reuniríamos en un punto de encuentro. En otras Capillas de la capital en pocos minutos se iniciaría una oleada de atentados similares. Habíamos comenzado el ataque, tan sólo la punta del iceberg. Ellos no tardarían en responder.

Habíamos iniciado la Guerra.



Eraser - Nine Inch Nails.


Bomba


soy una bomba molotov

que no quiere explotar

y la mecha se consume

pero no se quiere apagar.

a por él, a por él!

me dijeron mis compañeras

que explotaban sin parar.

pero la mecha se consume

y me voy a apagar.