La jornada esutvo agitadísima. Luego del día D, continuamos con la oleada de atentados durante otros tres días. La operación resultó bastante exitos, aunque la reacción gubernamental no se hizo esperar. La abortamos prematuramente, sin ningún compañero atrapado por los Agentes. El gobierno de los Adultos no tardó en declarar Estado de Emergencia. Algo que no era extraño en todo caso. Así se había pasado la mayor parte de seis de los últimos ocho años. Luego un periodo de silencio, el cuál rompimos nosotros con los atentados de hace dos semanas. Desde esos días la organización ha llevado a cabo pocas reuniones, pero vivimos un momento de satisfacción, sabiendo que, si bien esto es sólo un comienzo, para serlo, fue mucho más auspicioso de lo que creímos que sería. Los Agentes se vieron por primera vez descolocados; ya se habían acostumbrado a trabajar en secreto y contra pocos individuos organizados. Pero este ataque múltiple los dejó bastante noqueados por el momento. Lo más importante en todo caso ha sido la respuesta de la gente. Si bien poco se habla abiertamente, circulan rumores sobre un nuevo levantamiento. El aire puede cortarse con un cuchillo. Mucha gente se ve nerviosa; otros expectantes, e incluso entusiasmados. También hubo un par de reacciones de algunos medios de prensa semi-independientes, pero fueron inmediatamente censurados, algo que no ocurría desde hacía 7 meses.
La jornada había estado agitadísima. Estabamos llevando a cabo una de las operaciones de espionaje más importante, concretamente en una antigua casa, en lo que siempre ha sido conocido como el Barrio Pedro de Valdivia Norte, aunque ya no existe ninguna calle con ese nombre en el sector. La casa, impecablemente blanca, y muy grande, no destacaba de otros edificios similares, salvo por un pequeño distintivo en una de las entradas principales: una especie de escudo de armas que simbolizaba a los Agentes. Por lo demás, igual que la mayoría de las propiedades contiguas, tenía cerco eléctrico y cámaras de seguridad. El barrio en general era conocido porque muchas de las instituciones y muchos hombres importantes de los Adultos, se asentaban allí. Por ello sólo el hecho de caminar por ahí era sospechoso.
Teníamos un rumor, infiltrado desde dentro de la Agencia, de que habían importantes informaciones internacionales. Los Agentes no sólo se ocupaban de los asuntos de Seguridad Interna. Existía dentro de la Agencia una división especializada para las Relaciones Internacionales, y en realidad, toda la información que llegaba al Ministerio de R.R.E.E. era cuidadosamente estudiada por la Agencia. Aprovechando la ocasión, en que la mayor parte de la Agencia estaba ocupada de los problemas internos, habíamos venido un pequeño grupo con capas de camuflaje. Nuevamente la Sección 8: Candela, Mauricio, yo, y mi hermana Lisa. Nuestra misión era de hecho entrar en la Oficina de la Agencia, insertar un chip de memoria en alguna de las poderosas computadoras del edificio y extraer toda la información. Los sistemas de vigilancia se activarían de inmediato y los Agentes serían alertados; sin embargo, mientras yo estaba encargado de intervenir las computadoras, los demás se encargarían de dar de baja el edificio, dándonos un tiempo estimado de 7 minutos para evacuar las instalaciones.
Nos camuflamos en unos arbustos, en una plaza que estaba a una cuadra de distancia de la Casa. Estabamos esperando que llegara la hora del almuerzo, momento en el que los Agentes y los Adultos en general, descansaban, y relajaban un poco la vigilancia. Estabamos ansiosos, pero muy seguros de que tendríamos éxito.
- ¿Quién nos va a avisar cuándo tengamo' que actuar? - Preguntó Lisa.
- No hay señal. - Respondí. - Eso está bajo mi criterio. - Los tres me miraron extrañados. - Me ascendieron anteayer. - Susurré. No les había contado. Me miraron extrañados; Lisa frunció el ceño, pero no dijo nada. Nos dedicamos a espiar mientras un par de Adultos, una mujer y un hombre de mediana edad y de aspecto nerviosos, cruzaban hacia el otro lado.
- Están claros que hay que hacer si no tenemo éxito, ¿cierto?. - Dije protocolarmente. - Huir lo más rápidamente posible. Tengan las bombas de humo a mano siempre y mantengan la calma. Si atrapan a uno, los demás debemos correr. Es menester que lo tengan claro.
Miré con ansiedad a mi hermana. Era primera vez que nos veíamos enfrentados a una misión de este tipo. Estaba seguro de que tendríamos éxito, sin embargo mi hermana solía ser imprudente. Se confiaba demasiado. Candela y Mauricio; estaba seguro de que ellos estaban tan ansiosos como yo. Pero Lisa se veía particularmente agitada; se le había pegado demasiado el discurso violentista. Ella sólo esperaba el momento de hacer explotar algo. De destruir en el fondo, cuando todos estábamos claros de que el movimiento nuestro no podía enfocarse en ello. Para tener éxito debíamos ser mucho más cuidadosos.
Lisa notó que la miraba a ella.
- Me apegaré a lo que dijiste.Quédate tranquilo. - Dijo. Parecía molesta. Siempre pensé que a sus diesiséis años era aún demasiado pequeña para entrar al Cuerpo Principal, pero su entusiasmo y habilidad eran tales, que el Mando de mi zona le dio permiso de participar en las misiones que yo dirigía.
Abrí una lata de energizante, y la compartimos entre los cuatro.
- Salud por la causa. - Dijo Mauricio y todos repetimos a coro, por lo bajo.
- Es hora. - Dije. El Sol se escondía momentáneamente tras las nubes. Hacía mucho calor y el aire estaba pesado, tal como el día que había comenzado nuestra Guerra. No había nadie en ese momento en la calle. Cruzamos en fila, con las capas de camuflaje. Nadie hubiese podido vernos, salvo nosotros mismos, que usabamos unos lentes de contacto, especiales.
Caminamos hacia la entrada y nos paramos frente a ella. No había nadie. Sentíamos la tensión, pero también la adrenalina. Era un golpe pequeño pero importante. Miré por última vez los ojos de Lisa y pude ver la fría concentración que se agazapaba tras sus ojos verdes.
- ¡Ahora! - Grité, y en unos segundos, desprendidos ya de las capas, derribé la puerta con una bomba de humo; los guardias no alcanzaron a reaccionar cuando cayeron bajo un sueño somnoliento. Un abrir y cerrar de ojos más y ya estaríamos en la sala principal colocando el precioso chip. Llegué a la Sala Principal, mientras los demás desactivaban temporalmente la seguridad automática, dormían a los Adultos que a esa hora estaban allí, y colocaban el detonador de la bomba. 7 Minutos tan sólo. Y nos iríamos de allí. Accedí a uno de los computadores principales y lo coloqué.
- Bien conchet...- Alcancé a gritar, pero el resto de la frase se perdió con el aullido de las sirenas. Sirenas. Por todos lados. Sirenas, mientras sentía el escalofrío que me recorría la espalda.
- Salgan de inmediato con las manos en alto. - Bramó una voz de hombre gélida e impersonal. - El edificio está rodeado. - Los Agentes estaban allí.