miércoles, 30 de diciembre de 2009

Ya no habrá nombres

El tiempo pasa despiadado;
qué le pasó al muchacho que corría
entre las malezas y las flores,
que embadurnado en barro,
admiraba la vida?

Es despiadado;
sé que esto no es para mí,
aunque haya vivido bajo una máscara
que ni siquiera tú fuiste capaz de quitarme...
O más bien fue un baile de disfraces,
donde nadie puede quitarle la máscara al otro...

No quiero vivir atragantándome
con el polvo en suspensión ni con la mierda hasta el cuello.
Nos dimos cuenta que uno no puede salvar al otro
cuando usamos nuestras máscaras.

No quiero vivir aplastado por el miedo
y el odio hacia mi mismo...
tampoco por el temor a perderte para siempre.
Por eso decidí esconderme de la vida
y de sus máscaras aniquiladoras.
Que se joda el mundo de los mortales.

No me sigas... es fácil perderse en la niebla
que no es la de la vida...

Si, es verdád que uno no puede salvar al otro,
mientras usemos las máscaras de la vida.
Por eso hasta luego, querida, hasta luego...
Ya no me verás...
Pero no me apartaré de ti

Mientras sigas despertando a medianoche
yo te cubiriré...

y desvelaré entonces tu rostro sin máscara
y desvelaré tu rostro sin máscara...

Me gustaría detener el tiempo;
pero definitivamente
salí fallido...
"Hasta luego muchacho" se burla él...
y llorar no puede.

Secos están sus ojos,
hace mucho cuando el desierto
cubrió los océnaos y las cordilleras.
Llegó hasta la luna, debimos;
debimos escapar de allí.

Continúa habiendo polvo,
niebla de polvo
de la arena del desierto
del océnao sin agua,
sólo eres hielo y arena.

Máscaras cuando no hayan nombres.
Habrán máscaras cuando no existan nombres.
Y tu no podrás quitarte la tuya
ni yo
mientras viva.

No solicites clemencia ni piedad
que el tiempo no las da.
De todos modos tu y yo
antes y después
seremos arrasados de todas formas.

Luchar contra el viento es imposible
no, no, no la hay
no hay otra posibilidad.
Querida, corre.

Habrá máscaras, cuando no haya nombres.

Pequeña Reseña Histórica

Por una plaza
camino.
Árboles caídos.
Dos perros,
sucios y vagos,
y tres vagabundos,
saltando en
una pileta.
La pileta,
llena de agua,
de agua negra,
como humo negro,
humo que
cubre el sol,
que cubre la ciudad,
cubre tu alma,
cubre nuestros
espíritus volátiles.

Hay fuego
en mi cabeza.
Una casa
se incendia;
y no llueve,
está abandonada,
por sus dueños,
por los bomberos,
por el gobierno,
por Dios,
por la lluvia
purificadora.

No llegaré,
ni sano,
ni salvo,
ni con dos ojos,
ni dos piernas,
tal vez si
con un brazo,
y algunos dedos;
llegarás tú?
Ó te devorará
el pantano
de la sociedad,
de la soledad?

Y pensar
que había peces,
que hubo aves,
que a veces llovía,
que caían relámpagos,
y se escuchaba
el trueno retumbante.
Hoy la arena
del cemento sin fin,
cubrió playas,
bosques, montañas,
y tu vida.

O huyes, o mueres,
o huyes, o mueres,
o huyes, o mueres,
(de verdád)
o huyes, o mueres,
o huyes, o mueres,
(Já, no estoy jugando!)
o huyes, o caes
o caes al abismo,
al abismo,
al abismo,
al imponente
abismo.